COSAS DE MUJERES
No hace falta decir que en nuestra cultura, la mayoría de las "cosas de las mujeres" son tratadas como algo innatural, enfermo, que hay que ocultar, disimular o cambiar. Algunas de nosotras cuando tenemos la regla decimos que estamos "malas", malas de qué, ¿de cultura? Dónde oímos esos términos, de quien aprendimos que tener la regla era una maldición o algo que es preferible no tener. En algunas religiones no se permite entrar a las mujeres en los templos si tienen la regla. La sangre de Jesús era ensalzada pero la nuestra denostada.
En otras culturas las cosas son diferentes. Cuando las mujeres tienen la bendita regla, saben que son poseedoras de una intuición más intensa y que el velo entre este mundo y el otro es más fino. Los sueños son más significativos o premonitorios y en "esos días" se las aparta de las tareas cotidianas y son consultadas y tenidas muy en cuenta a la hora de toma decisiones en la comunidad.
La menopausia, otro proceso natural de la mujer es tratado como algo a remediar. Se utiliza como un insulto: “está menopaúsica” y también como un filón para las empresas farmaceúticas.
Nosotras tenemos otra visión de esta etapa. Comienza la edad de mayor poder, comienza el tiempo de la Mujer Sabia, la guardiana del fuego.
Desde aquel primer rayo que incendió el primer árbol, trayendo el progreso a los primeros humanos, la Mujer ha sido y será siempre la Guardiana del Fuego. La primera preocupación de aquellas ancestras fue cómo mantenerlo encendido para no tener que depender de las variaciones del tiempo. ¿Por qué fueron ellas y no los hombres, quienes se ocuparon de aquella tarea ritual? Porque las Mujeres tenemos naturalmente una conexión divina con el Fuego. Lejos de la oscuridad pasiva a la que quiso condenarnos el patriarcado, las Mujeres somos el fuego.
Es el fuego chamánico que se despierta durante el climaterio y que muchas de nosotras aborrecemos porque no nos damos cuenta de que las “subidas de calor” son en verdad “oleadas de poder” que estarán disponibles para nosotras en nuestra nueva etapa de mujeres sabias. Sentimos miedo y molestia de nuestro poder porque tampoco sabemos cómo usarlo sin hacernos daño ni causar mal a los demás.
Es el fuego chamánico que ingresa en nuestro cuerpo con el despertar de la Kundalini, la serpiente que duerme enroscada en la base de nuestra columna vertebral y que asciende danzando por nuestros centros energéticos.
Es el fuego que puede destruirnos y destruir a otros por causa de la rabia acumulada durante años de heridas a nuestra identidad femenina y que puede transformarse en energía curativa que podemos canalizar a través de nuestras manos. Puede también transformarse en el motor que pone en marcha nuestros proyectos y convierte en realidad nuestros deseos.
Es el fuego de la maga, que ella sabe cómo dirigir a través de su vara mágica.
El fuego de Hestia en Grecia y de Vesta en Roma; la eterna flama de Brighid en Irlanda, los rayos de Aquehua, la Madre Sol; el fuego de tu cocina, el de tus ojos, el de tus manos que curan y crean; el ardor de tu magia sexual.
Danza tu fuego y eleva tu danza como una oración. Porque tu fuego interior, al unirse en éxtasis con el fuego de la Divina Creadora, tiene Poder, Magia y Belleza. Úsalos en tu propio beneficio y para bendecir a quienes te rodean. No los dejes encerrados. No permitas que te quemen... arde con ellos y transforma el mundo a partir de tu propia transformación!
coremana