“Las
mujeres o somos lesbianas o estamos amargadas o resentidas”
Doris Lessing.
Hablar de literatura lesbiana española es encontrarse
ante un vacío, ante un desierto, ante un sombrío
túnel en el que a pesar de todo se pueden encontrar
algunos toques y pinceladas dependiendo del periodo
en que se publican las novelas que hacen referencia
a la relación entre mujeres. Muy lejos estamos
de figuras del lesbianismo histórico como Gertrud
Stein, Virginia Wolf, Vita Sackville-West, Violette
Trefusis, Djuna Barnes, Colette, Violette Leduc etc.
y más recientemente, Marguerite Yourcenar, Monique
Wittig o Anne Garreta por ejemplo.
Pero antes de hablar de la “literatura lesbiana”,
tenemos que preguntarnos que significado tiene la categoría
“literatura lesbiana” y cual es su relación
con la problemática de la autoría. En
definitiva, ¿cuáles son las características
de un texto lesbiano?, ¿Cómo podemos identificar
la “literatura lesbiana”? ¿Cuáles
son los rasgos de su temática? ¿Sería
la temática exclusiva del deseo entre mujeres
para que se la considerara como tal? Y por otra parte,
¿tiene que ser lesbiana la autora de textos lesbianos?
Todas estas cuestiones, producidas por circunstancias
históricas e ideológicas, serán
necesariamente respondidas desde estos dos prismas.
Desde esta misma óptica, es paradigmático
que nadie desde la oficialidad que da la institución
literaria haya nombrado como literatura o textos lesbianos
a una serie de novelas que llevan ya algunos años
en el mercado y en las estanterías de librerías
y bibliotecas. España es un país que continúa
siendo casi desértico. Pero a pesar de ello,
la realidad es que existen textos lesbianos a pesar
de su invisibilidad o al menos novelas de temática
lesbiana cuya calidad literaria es muy amplia. Y dadas
nuestras circunstancias históricas, es también
explicable que todavía se hable con cierta timidez
o bien se mantenga en silencio por las editoriales castellanas
de textos lesbianos. Aún así, el panorama
de la “literatura lesbiana” en España
comienza ciertamente a cambiar.
A través de los textos que iremos señalando,
veremos como se configura la categoría de “literatura
lesbiana” (española) , y de cómo
ésta viene marcada históricamente por
una gran amplitud de perspectivas con respecto al deseo
entre mujeres.
Con respecto a la relación de la literatura lesbiana
con la autoría, podemos constatar también
que el tema de la relación entre mujeres no es
exclusivo de autoras heterosexuales y lesbianas, sino
que la representación del mundo lésbico
también es un asunto de autores. En este sentido,
cabe recordar entre otros muchos casos, las experiencias
lésbicas de Nana de Zola, en la duplicidad del
texto El amante lesbiano (2000) de José Luis
Sampedro, en el que el autor parte de la sentencia agustiniana
adoptada en esta novela de “Ama y haz lo que quieras”
o finalmente, en las referencias a las “marimachos”
de Miguel Delibes en Cinco horas con Mario (1966).
Una vez configurada la categoría de “literatura
lesbiana” como la que tiene como temática
fundamental un espacio narrativo en donde se da la relación
y el deseo entre mujeres independientemente de su autoría,
estableceremos en este articulo dos periodos que nos
parecen fundamentales en la reciente historia de la
literatura lesbiana española.
Unos referentes históricos nos parecen fundamentales
para establecer estos dos periodos, que tienen que ver
con un grado de menos a mayor en la visibilidad de los
modelos lésbicos expresados por las autoras.
Ya en 1954, Carmen Kurtz nos muestra modelos lesbianos
en su novela Duermen bajo las aguas, aunque dicha novela
se publica en 1976.
En efecto, el restablecimiento oficial de la democracia
en España viene dado con la promulgación
de la Constitución de 1978, que trajo consigo,
desde la perspectiva de la literatura, nuevos modelos
femeninos, fundamentalmente el de la “mujer sola”,
creados por autoras como Adelaida García Morales
en Mujeres solas (1996), Rosa Montero en Crónicas
del desamor (1979), Montserrat Roig en La Hora violeta
(1980) y un largo etc.
Pues bien, pese a la andadura democrática del
país, las escritoras de literatura lesbiana han
tenido que esperar a los años 1990 para contar
con editoriales que se definen abiertamente como lesbianas.
Me refiero a las editoriales madrileñas Horas
y Horas con su colección “La llave la tengo
Yo”, Salir del Armario, Berkana y Odisea, aunque
las dos últimas no editan textos específicamente
lesbianos.
Por otra parte debemos decir, que si una gran parte
de sus fondos en literatura lesbiana son traducciones
de autoras anglosajonas, también ocupan un lugar
importante autoras noveles españolas, especialmente
en Odisea. A nuestro entender, el criterio de publicación
nos parece más coincidir con el interés
por el testimonio personal que con la calidad de las
novelas publicadas.
Pero volvamos a la cronología para señalar
el paso de la invisibilidad a la semiclaridad de los
modelos lesbianos en la literatura lesbiana española.
Existe un primer periodo que podemos situarlo, aun sabiendo
que todo límite temporal es incierto, desde 1978
hasta mediados de los años 1990, en donde dichos
modelos aparecen soterrados entre lo dicho y lo sobrentendido
para un lector o lectora avisada. En definitiva, se
trata de unos modelos que aparecen diluidos en la narración,
en donde lo lesbiano no aparece como tal, sino camuflado
por la atmósfera femenina.
En el segundo periodo, que va desde los finales de los
años 1990 hasta ahora, podemos encontrar, con
el apoyo de las editoriales anteriormente mencionadas
y otras, novelas en donde el modelo de mujer lesbiana
se expresa abiertamente a ser ésta misma la protagonista
de la acción.
Primer
periodo: 1978-1990, la semioscuridad lesbiano-literaria.
Uno de los primeros textos en que aparece el tema del
lesbianismo, lo encontramos en toda la obra de Esther
Tusquets, especialmente como iniciador es su libro El
mismo mar de todos los veranos (1978) , escrito en una
elegante prosa llena de matices, en donde al ritmo de
un aparentemente tranquilo Mediterráneo se nos
cuenta la historia de deseo y de afinidad entre mujeres
maduras de la burguesía catalana que viven entre
la hipocresía y la mediocridad de su clase. Esta
afinidad es la que impregna también a magdalena
y a Mariana personajes de la novela de Carmen Martín
Gaite Nubosidad variable (1992).
Anteriormente, publica en la editorial Lumen su libro
El amor es un juego solitario(1979), en el que ya nos
anuncia a través del personaje de Clara, una
lesbiana proletaria, una gama social de personajes lesbianos,
para volver con su novela Con la miel en los labios
(1997) a los personajes lesbianos de la burguesía.
Así, encontramos a Andrea, hija dilecta de la
“gauche divine”, que convoca la mirada tanto
de hombres como de mujeres. Un día, Andrea en
un inesperado gesto de seducción, invita a un
paso privado de la película El acorazado Potemkin
en su casa y se inicia así una historia de amor
desmesurado, que arrastrará a todo el equipo
de amigos demasiado lejos.
Paradójica es la posición de Esther Tusquets
con respecto a la literatura española. Por una
parte, ella no ha identificado nunca públicamente
su literatura como lesbiana, sin embargo es reconocida
dentro y fuera de nuestras fronteras como una de las
principales representantes de la literatura lésbica.
Bien diferente a las novelas de Esther Tusquets, encontramos
una serie de textos, que no podemos calificarlos dentro
de la literatura lesbiana, pero si son los iniciadores
de los modelos de los personajes lesbianos.
Un antecedente escrito en 1954 y publicado por Plaza
y Janés en 1976, es la novela anteriormente citada
de Carmen Kurtz Duermen bajo las aguas, en donde las
monjas inglesas de un internado afirman que no les gustan
las “amistades estrechas” entre chicas,
pues a causa de ellas han tenido ciertos problemas.
En 1979 se publica en la editorial Debate, Crónicas
del desamor de Rosa Montero. Un libro paradigmático
en la creación de nuevos modelos de mujer que
trae consigo la iniciación de la democracia,
pero que ya se estaban dando en el último periodo
franquista y de forma más evidente en la transición
política.. En él aparece también
el modelo de amor lésbico, pero sin darle tal
nombre, bajo el personaje de Ana Maria una médico
de 40 años.
Una mención aparte, pero en un ambiente social
parecido al expresado por las novelas de Esther Tusquets,
es el que nos presenta la trilogía de Montserrat
Roig: Tiempo de cerezas, Ramona, adiós y La hora
violeta, novelas todas ellas publicadas en el año
1980 por la editorial Argos Vergara. La aguja dorada
publicada en 1985 y finalmente La ópera cotidiana
en 1995 . Su obra corta pero densa, nace en Barcelona
en 1946 y muere en 1991, expresa su intención
testimonial con tendencia a la crónica.
La trilogía es la crónica de una familia
a través de tres generaciones de personajes femeninos.
En La hora violeta encontramos a la solitaria lesbiana
Harmonía Carreras, pintora de genio difícil,
y a varias parejas lésbicas o de tendencias lésbicas,
en las que en algunos casos pasan al acto y en otros,
como es el caso de Natalia Miralpeix, hija de Judit
Flecher cuñada y relación ambivalente
de Kati, se expresa por medio un sueño que consiste
en el deseo de ésta de hacer el amor con una
mujer que es interrumpido por Franco.
Más tarde aparece en La ópera cotidiana
la perspectiva con respecto al lesbianismo que reproduce
el pensamiento mayoritario con respecto a las lesbianas.
En este caso encontramos la mirada que el hombre tiene
sobre él. Horaci Duc afirma: “las mujeres
miran a las mujeres de otra manera... Ustedes las examinan
pero no las admiran. A no ser que gusten las aberraciones,
las perversiones...” (p.35)
Mercé Rodoreda, una de las escritoras que vivió
el largo exilio del franquismo, publica en 1982 La calle
de las camelias en donde aparece un nuevo modelo de
lesbiana, el de la “voyeuse”. En efecto,
Constanza así llamado el personaje, es la encargada
de encontrar los hombres para la soltera Cecilia, una
niña de la guerra abandonada y recogida por la
pareja formada por Jaime Ríus y Magdalena. Este
libro es un alegato contra los malos tratos a las mujeres
y en especial a las prostitutas.
Pilar Pedraza altamente influida por Sade, nos introduce
con su novela La fosa del Rubí, publicada por
la editorial Tusquets en 1987, en el modelo lesbiano
de la sexualidad perversa que se manifiesta a través
de ritos satánicos, vampirismo, zoofilia, incesto
y las relaciones sadomasoquistas de la Imperatrice de
los Cobos Grimani, protagonista de la narración.
Segundo
periodo: de 1991 hasta nuestros días.
No es de extrañar que en los años 1930
se podría decir que un cierto Paris era lesbiano.
En este sentido, merece un lugar excepcional la poeta
inglesa de expresión francesa Renée Vivian.
Pues bien, es sobre esta poetisa, sobre la que se basa
la primera novela en catalán, publicada por Seix
Barral, de Maria-Merçe Marça titulada
La Passio segons Renée Vivian (1993).
En 1994, aparece Recóndita armonía de
Marina Mayoral publicada en Alfaguara. En ella se cuenta
la historia de dos mujeres: Helena y Blanca, que aunque
tenían formas opuestas de pensar y actuar, Helena
buscaba la aventura y el cambio y pretendía dejar
una huella de su paso por el mundo y Blanca amaba más
la tranquilidad en compañía de sus seres
queridos, descubrieron juntas el amor, el sexo, el dolor,
las injusticias y la muerte.
Por otra parte, la literatura erótica ha tenido
en la colección La Sonrisa Vertical una cierta
expresión de las relaciones lesbianas. En este
sentido aparece en 1995 la novela de Irene González
Frei. Una autora que se presenta bajo pseudónimo
y gana el premio Sonrisa Vertical de ese año
con su primera novela Tu nombre escrito en el agua.
Apenas se sabe nada de ella ya que ha preferido mantenerse
en el anonimato literario hasta el punto de ni tan siquiera
ir a recoger personalmente el premio.
Con respecto a la novela recae en ella el merito de
ser la primera novela escrita en lengua castellana explícitamente
lesbiana. Sin embargo en el desarrollo narrativo no
es el lesbianismo en sí lo que cobra un especial
interés, sino el concepto trágico que
conlleva una relación lesbiana, siendo las decepciones,
la crudeza sexual y lo humillante a los que se les somete
a las protagonistas, los temas que configuran la novela
y que anuncia un epílogo en donde se renuncia
de forma categórica a un final feliz.
En 1996, Maria José Palma publica una novela
titulada Las Pasiones de una sombra en donde el texto
aborda la historia de una ruptura amorosa que es también
una ruptura de sentido ante la menaza del desamor y
la pérdida. En el mismo registro, la narración
sugiere un adiós, la elaboración del duelo
ante dicha pérdida y las angustias que ésta
levanta antes de surgir una relación nueva.
La expresión de los modelos lesbianos la encontramos
también en la novela de Antonio Gómez
Rufo Si tu supieras (1997), en donde el lesbianismo
está asociado a la locura. Carmen se separa de
su marido Joan al descubrir que “le gustaban las
mujeres” (p.135) y mantiene diferentes relaciones
con Andrea diseñadora y lesbiana manifiesta que
acabará loca, y con Laura que posee a su vez
una relación estable con Montse. En ese entramado
de relaciones lesbianas triangulares, se manifiesta
Carmen que vive las suyas con una extrema culpabilidad,
lo que hace que ésta al final del libro, vuelva
al hogar con su marido y sus hijos en un intento narrativo
de una didáctica de la heterosexualidad.
Una mención aparte es la escritora Lucia Etxebarria,
en el sentido en que en toda su obra, publicada en editoriales
no lesbianas, se encuentran diseminados una gran pluralidad
de modelos lésbicos mezclados a su vez con los
heterosexuales, en una clara intención de no
mantener a la lesbiana en su ghetto y en un ser aislado
del resto del mundo.
Dicho esto, existen en esta escritora obras de un marcado
acento lesbiano como es Beatriz y los cuerpos celestes
(1998) Premio Nadal de ese año, Nosotras que
no somos como las demás (1999) y en gran parte
del conjunto de relatos cortos publicados bajo el titulo
genérico de Una Historia de amor como otra cualquiera
(2003).
En Beatriz y los cuerpos celestes nos introduce en tres
modelos de mujeres. Cat, lesbiana convencida; Mónica
devora hombres compulsiva y Beatriz para quién
el amor no tiene género y tres momentos en la
vida de estas mujeres: la infancia, la adolescencia
y la juventud, afrontando cada una de ellas con mayor
o menor dificultad. En su segunda obra, también
aparecen la dificultad de los 4 personajes en sus relaciones
ciertamente ambiguas, para finalmente ofrecernos en
su último libro Una historia de amor como otra
cualquiera (2003), un kaleidoscopio de vivencias dentro
del modelo del personaje lesbiano.
En el año 2000 y bajo la edición de Laura
Freixas, publicado por la editorial Temas de Hoy, aparece
un libro titulado Ser Mujer. Tiempo de encuentro. En
él, mujeres importantes dentro de diferentes
ámbitos del país escriben a cerca del
“ser mujer”. Entre ellas, encontramos el
relato de carácter autobiográfico de Empar
Pineda que podríamos calificarla como una lesbiana
histórica en España. En su texto titulado
Ser lesbiana. De los cuarenta al 2000 nos cuenta su
experiencia personal sobre su toma de conciencia lesbiana
en un recorrido desde el franquismo, lo que supuso la
lucha política contra éste y la felicidad
de ser lo que es.
En cierta medida con la aparición de editoriales
lesbianas o gays de Madrid o Barcelona, surge una literatura
lesbiana, o más bien una novelística lesbiana,
sin tapujos en lo que respecta a la relación
amorosa entre mujeres, que recorre un gran espectro
temático.
En este sentido, aparece en la editorial Egales bajo
el pseudónimo de Lola Van Guardia la novela titulada
Con Pedigree (1997). En ella se narra en el seno de
un Gay Night los encuentros de amistad, amor, desamor
y militancia enmarcado en los cotilleos de las propias
mujeres como los de Adelaida una escritora que quiere
ser feliz como los personajes de sus novelas, Tea de
Santos, la multifacética periodista de lengua
afilada o Karina adicta a los kleenex y agarrada a un
secreto celosamente guardado.
Más tarde, esta misma autora y en la misma editorial
publica Plumas de doble filo (1999), una novela de suspense
en donde todos los personajes, que algunos de ellos
encontramos en su primera novela, son lesbianos.
Carmen Nestares en Venus en Buenos Aires (Odisea, 2001)
es bien acogida por la crítica. Está prologada
por Lucia Etxchebarria y lleva ya una segunda edición
de la novela.
Se trata a través de Cristina, la narradora,
de desmantelar la hipocresía que se recoge en
el hecho de los y las que “aceptan” la homosexualidad
y el lesbianismo de lejos, pero cuando no les toca de
cerca, es decir ya es otra cosa.
En efecto, una cosa es aceptarlo en la TV y en el cine
y otra es cuando confiesas a una amiga o amigo o a tus
padres que eres lesbiana. En boca de Cristina se denuncia
la intolerancia de las familias más abiertas
y más civilizadas.
Siguiendo con esta atmósfera de suspense y misterio
introducida por Plumas de doble filo, Mabel Galán
publica en la misma editorial Desde la otra orilla (2003),
finalista del Primer Premio Odisea.
También en 2003, aparece en Odisea la novela
Llévame a casa de Libertad Morán, finalista
al V Premio Odisea. En ella se cuenta la historia de
Silvia y Ángela, dos chicas que se enamoran y
que esperan que tal vez la búsqueda del amor
perfecto dé resultados duraderos; o la de Paloma,
una mujer que finge ante su familia estar enamorada
de su marido, pero que en realidad sueña con
recuperar un amor de juventud.
Llévame a casa es una crónica de los amores
que cambian, de la tragedia que se esconde detrás
de cada ruptura y soledad y de la impostura como imposición
social.
Finalmente, en el mismo año, Marta Fajes publica
en Odisea Amores prohibidos en donde se narra una historia
de lesbofobia que ocurre en un barrio de Sevilla. De
lenguaje fácil y asequible entra más en
el testimonio personal que en el trabajo narrativo.
Hemos intentado con este artículo hablar de literatura
lesbiana española. Indagando hemos encontramos
sus fuentes más o menos explicitas. Hemos pretendido
establecer cronológicamente un oasis en el desierto,
un poco de visibilidad en lo social y cultural cuando
de nuevo, los sectores más reaccionarios ligados
a la iglesia católica vuelven a atacar, por ello,
¡Qué los cielos eróticos-simbólicos
apacigüen nuevamente nuestra ser literaria! Para
que la literatura lesbiana forme su propio canon y que
así, entre éste en la historia de la literatura
y en la Historia.
BIBLIOGRAFÍA
“Genealogías del lesbianismo: historias
de mujeres y literatura”, Historias lesbianas
y literatura moderna [En internet], www. Literatura
lesbiana, 04/07/2004.
Héritier, Françoise: (1996) Masculin/Féminin
La pensée de la différence, Paris, Odile
Jacob.
Torras, Meri: (1996) “Crítica feminista
lesbiana: una identidad diferente” Curso Dona
i Literatura: introducció a la critica feminista.
Universidad de Girona, 8-10 de juliol.
(1998) “Feminismo y crítica lesbiana”
Seminario: Feminismo y crítica literaria. Universidad
de Barcelona.
Safo: Poemas y fragmentos, edición bilingüe
castellano-griego, Madrid, Poesía Hiperión.
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