El período de prácticas, iniciado a comienzos de marzo de este año y después de superadas satisfactoriamente todas las asignaturas de la carrera, ha sido la etapa más enriquecedora de la diplomatura en Trabajo Social.
Desde el segundo curso, había ido fraguando la idea de trabajar con personas transexuales y madurando este deseo, a comienzos de tercero sabía que si me lo permitían, tanto desde la ULPGC como desde la institución correspondiente, quería llevar a cabo durante mi período de prácticas un proyecto de intervención con mujeres transexuales reclusas.
Mi compañera de estudios Silvia Chessa Zaragoza se mostró interesada en el proyecto cuando en una conversación informal se lo comenté y me propuso que lo lleváramos a cabo juntas. Accedí inmediatamente, segura de su buen hacer, así como de nuestra compatibilidad personal y profesional.
El objetivo de este artículo es dar a conocer a la comunidad de trabajadores sociales que en el Centro Penitenciario Provincial Salto del Negro, se ha llevado a cabo por primera vez en el Estado Español, un proyecto orientado y dedicado exclusivamente a la población femenina transexual reclusa.
Este proyecto se formula principalmente a partir de las necesidades manifestadas por las usuarias en nuestras primeras tomas de contacto con ellas; ha sido denominado “Aura – Trans, de autoconocimiento y refuerzo de la autoestima de la población femenina transexual reclusa”. Se articula mediante tres talleres: “taller de transexualidad”, base del proyecto y en el que las usuarias iban conociendo su propia realidad, adquirían fundamentos teóricos con los que poder definirse correctamente, conocían la reciente legislación favorecedora de nuevos derechos que las amparan y desechaban estereotipos trasnochados y prejuicios hacia si mismas.
Los otros dos talleres denominados “saber estar” y “hábitos saludables”, cubrían necesidades también manifestadas por las usuarias tales como mejora del aspecto físico, comportamiento adecuado a diferentes situaciones, cuidado personal, entrenamiento en habilidades sociales, dotación de herramientas para hacer frente a nuevas situaciones a la salida de prisión, orientación laboral, etc.
Para evitar equívocos que son normales debido al general desconocimiento de la transexualidad, decir que de forma coloquial y algo alejada de la realidad, una mujer transexual es la persona que nace hombre y que se siente mujer, por lo que comienza un proceso de transformación para convertirse en una mujer.
Lo correcto sería formular la transexualidad femenina de la siguiente forma: mujeres que nacen con una anatomía masculina y que en un determinado momento de sus vidas descubren que existe un desacuerdo entre su identidad sexual (mujer) y su morfología anatómica; por ello deciden iniciar un proceso de transexualización a través del cual su identidad concuerde con su apariencia.
Importante es decir que la transexualidad en si misma no es un problema, se trata de una realidad social que no tiene por qué ser conflictiva. Las personas transexuales necesitan reafirmar su identidad sexual como condición existencial, adaptando su cuerpo a sus emociones, sentimientos, pensamientos; en resumen, a lo que son.
Las mujeres transexuales se encuentran a lo largo de sus vidas con múltiples problemas que no son inherentes a la propia transexualidad, sino que van asociados al desconocimiento y a la ignorancia del hecho transexual.
Lo que no se conoce se teme, se rechaza y se aparta; todo esto provoca situaciones de discriminación (no son como yo), marginación (no las quiero a mi lado) y exclusión (no existen).
La transexualidad femenina está muy relacionada con la prostitución debido a las escasas oportunidades laborales, esto es una consecuencia del precoz abandono de los estudios, del escaso arraigo familiar, de la falta de formación,y de la pobreza.
En el caso de las destinatarias de nuestro proyecto, el hecho delictivo y su ingreso en el centro penitenciario para cumplir la condena correspondiente, es fruto de todo lo anterior, pero nunca de manera directa de su condición transexual.
Por todo lo expuesto, considero justificado el deseo de intervenir con este colectivo. Al comienzo de nuestro trabajo, y debido a lo reducido del número de usuarias, fue poco y mal entendido posiblemente pensando en que los esfuerzos profesionales son más aprovechados cuando se dedican a colectivos más amplios.
Sin embargo, a medida que avanzaba nuestra intervención, el apoyo y el interés por la misma también aumentaba.
Los resultados fueron totalmente positivos tanto para las usuarias como para nosotras.
El único factor negativo es el que esta intervención puntual quede como un hecho anecdótico y que no se le de la importancia, que pensamos merece, desde las organizaciones que trabajan con personas transexuales y que, además, desde las instituciones correspondientes no se entienda lo beneficioso de una continuidad en el trabajo hacia y coneste colectivo tanto en este centro penitenciario como en otros del estado.
Conchy Pérez Vázquez guiniguada@hotmail.com