La maldición del tío Oscar por Ignacio MaldiniPUBLICIDAD elmundo.es /suplementos /magazine M A G A Z I N E 140 Jueves, 30 de mayo de 2002.
La extremada sensibilidad y el temperamento transgresor de Oscar Wilde fueron, junto con algo de dinero, la herencia que Dorothy recibió de su tío. Inteligente, provocadora y amada por hombres y mujeres, su existencia fue una sucesión de episodios autodestructivos, de fingidos intentos de suicidio y pasiones desbocadas. Una biografía rescata su intensa vida.
Genio, homosexualidad, amores incensantes, infidelidades continuas, drogas y sobredosis, alcohol, drama familiar, tentativas de suicidios, escándalos, lujo y muerte misteriosa. Sin duda, los elementos necesarios para construir el más trágico de los relatos literarios o la más espantosa de las telenovelas. Sin embargo, todos ellos resumen sucintamente y con meridiana perfección la extraña, atormentada, peculiar y apasionada vida de Dorothy Irene Wilde, sobrina del no menos genial escritor, Oscar Wilde, y la última en llevar con indisimulado orgullo tan inefable e ilustre apellidoDorothy, Dolly, fue una Wilde auténtica en todos los sentidos. De enorme parecido a su tío Oscar, vivió y murió obnubilada por su recuerdo e impregnada de su personalidad. Probablemente fue una gran escritora frustrada. No escribió libro alguno, pero sí un gran número de cartas dirigidas especialmente a Natalie Barney, su gran amor. En ellas se aprecia, según Joan Schenkar, autora de su biografía, un estilo literario impregnado de sensibilidad unas veces, pasión otras y hasta ciertas dosis de ironía en algunos momentosSobre la infancia de Dolly apenas existen datos, salvo aquellos que resaltan la coincidencia de su nacimiento con el año en que surgió el escándalo de la homosexualidad de su tío Oscar y otros de no menor sentido trágico referidos a sus lamentables circunstancias hogareñas, que quizá la marcaron para el resto de su vida. Su padre fue un golfo acomplejado por el éxito de su hermano y un vago redomado, su abuela materna no estaba muy bien de la cabeza y su tío, al que habría de parecerse tanto, fue un genio de la literatura pero un desastre en su vida personal.Con estos antecedentes y en medio de una miseria evidente, sólo paliada por la ayuda económica de Oscar, vino al mundo el ii de julio de i895, tres meses después del encarcelamiento de su tío. De su infancia apenas se sabe nada porque ella nada contó, salvo una pequeña anécdota que posteriormente sería difundida con cierta aviesa intencionalidad por su amiga Betina Bergery y que consistía en una extraña afición de Dolly: se tomaba terrones de azúcar impregnados en el perfume de su madre, quizá un presagio de su posterior y desmesurada afición a drogas tan poco recomendables como la heroína.Pero su vida auténtica se inicia un primaveral día de junio de i927 en París cuando conoce a Natalie Clifford Barney, una atractiva y millonaria mujer casi i8 años mayor que ella, que entonces contaba 32. Dolly se enamoró perdidamente de Natalie. Cómo se conocieron o quién preparó el encuentro es algo que se desconoce.
Natalie Barney, nacida en i876 y muerta en i972, había conocido y admirado profundamente a Oscar Wilde, por lo que no es de extrañar que le subyugura la figura y personalidad de su sobrina. Entre las dos mujeres se inició una relación intensa y tortuosa, como todo en la vida de Dolly, en la que se sucedían, sin solución de continuidad, la pasión, la ternura y el distanciamiento. Natalie mantenía abierto en París lo que entonces se llamaba un salón literario, por donde desfilaron un gran número de mujeres, lesbianas en su mayoría, y hombres. Todos ellos personas de reconocido talante intelectual. Por ejemplo: Jean Cocteau, conocido homosexual y aficionado al opio, entre otras cosas; Virginia Wolf, la endiosada escritora que vestía de negro y gris; Gertrude Stein, quizá mejor escritora que la anterior, pero más enigmática; la actriz de moda entonces en Hollywood, Alla Nazimova, que más tarde sería la madrina de Nancy Davis quien, a su vez, habría de llegar a ser la primera dama de EEUU por su matrimonio, el segundo, con el periodista deportivo y luego actor Ronald Reagan; la bella escritora Colette y el poeta más sublime de aquellos tiempos: Paul Valéry. Además, entre los amigos de Natalie se contaban Anatole France, Paul Eluard, Harold Acton, André Germain y Ezra Pound.La vida de Dolly Wilde, aparte de los momentos más dulces pasados junto a Natalie, transcurrió entre relaciones con mujeres, unas de cierta continuidad y arraigo y otras de carácter efímero; propuestas de matrimonio por parte de hombres distinguidos, embelesados ante la belleza, el ingenio verbal y su general encanto; viajes de ida y vuelta; habitaciones de hoteles, de lujo generalmente, y un desaforado consumo de drogas y alcohol. Todo ello constituyó una laceración sin piedad de sus más íntimas convicciones hasta llegar a convertir su tragedia vital en compasión ajena y envilecimiento propio.