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El gato maúlla fuerte
COMENTARIOS A LA AUTORA: ariadnafr@yahoo.fr

 

El gato maúlla fuerte, insistente, tan insistente que consigue despertarme del todo, miro el radio-despertador que descansa silencioso sobre la mesilla, el color verde de los números, casi me ataca, siento como si, acorde con los maullidos del gato, el color verde de los números arañara mis ojos, los cierro, solo son las 7, quiero seguir durmiendo, necesito dormir un poco más.

El gato sigue maullando, no sé si está en la cocina o en el pasillo, en realidad, lo siento como si estuviera bajo mi cama y quiero estrangularlo para que me deje dormir, solo necesito que se calle y la posibilidad de levantarme, salir del edredón, abandonar mi hueco en el colchón, me resulta como si me propusieran subir al monte más alto, reniego, no quiero abandonar el calor de mi cama, quiero que se calle, pero él, no lo sabe, no sabe y pide algo y sus maullidos empiezan a ser el llanto de un niño, un niño mimoso que me reclama para nada, no se calla, y pienso en ti, en lo que te molestas con él cuando te saca del sueño, pienso en ti, que hoy no duermes a mi lado, en ti ausente y me sonrío porque tu imagen en mi mente es todo ternura, más si te imagino en el momento en que despiertas, cuando tus ojos se revelan contra la luz y se ponen chiquitos, casi chinitos, más si veo en mi pensamiento como te esfuerzas por decir algo coherente pero de tu boca solo sale "sí" "no" "no sé" ¡cuanto te cuesta despertar¡, volver de tu sueño, volver a la realidad, te mueves despacio, como si algo mantuviera cada músculo de tu cuerpo pegado a sí mismo; tus pies sujetos por una fuerza desconocida para mi, y el gato sigue maullando y le chillo, y me arrepiento porque pienso en mis vecinos, que probablemente también habrán oído al gato y que además ahora me oyen a mi, el grito no ha servido para nada, el hace oídos sordos y por fin decido levantarme y salir de la habitación para ver qué le ocurre, qué quiere, por qué no me deja dormir.

Lo encuentro en el pasillo sentado, tranquilo, lo miro, lo miro y como siempre, no consigo saber que es lo que le ocurre, lo observó, quisiera leer en sus ojos o su pelo qué es lo que ocurre pero no dice nada, lo cojo y lo alzo como a un bebé con su cara frente a la mía mientras le hablo cariñitos, lo bajo y lo aprieto contra mi pecho, lo abrazo, en estos minutos ha estado callado y sigo sin saber porque chillaba de ese modo, lo dejo en el suelo, miro si tiene agua, si tiene comida, todo está lleno, pero por si acaso cambio el agua por otra, la coloco en su sitio, el viene tras de mi, se acerca, la mira o la olisquea y se aparta, voy a la puerta de la terraza, la abro por si lo que quiere es estar fuera y que le dé el aire, se queda parado y no sale aunque tampoco se marcha, ya no se me ocurre nada más, ya no sé, me voy a la cama, y ya entre las sábanas vuelvo a ti; a ti y al gato, me hubieras reñido, no te gusta que lo coja en brazos con el pijama puesto, no te gusta, te quejas de los pelos, de que después están por todas partes, dices que los masticas, que se te pegan, eres una refunfuñona, me voy durmiendo otra vez entre tus brazos, que aunque ausentes me están acompañando en mi duermevela, cuando ya casi te estoy tocando en mis sueños, cuando ya estoy perdiendo la conciencia y me resultas tan real como si tu cuerpo estuviera junto a mi, él comienza de nuevo su agónico canto y ahora sí, ahora le daría una pastilla para dormir, ahora te ha arrancado de mis brazos, ahora ha sacado tus pechos de mis manos, ahora me ha vaciado el momento que estaba viviendo, me levanto de nuevo, esta vez sin pensármelo, impetuosa abro la puerta bruscamente y él se asusta, sale corriendo hacia sus cojines y se queda ahí paradito, quieto, quedo, lo miro, le riño "ya vale, es pronto, quédate callado" le hablo de muy mal genio, lo miro de mal genio, no lo quiero mimar, solo deseo que se calle.

Regreso a la cama que con tanto vaivén se ha enfriado, intento recuperar mi sueño, recuperar tu contacto y tu piel, la tersura de tu piel, la suavidad, pero ya esa se escapó y mi mente vagabundea con otros cuerpos y otros gatos.Hace tiempo que los gatos me acompañan y a través de los gatos de mi vida, puedo recorrer los amores de mi vida. Este, el que me ha despertado me viene acompañando hace mucho tiempo, ha compartido diferentes hogares conmigo y ha estado con los últimos amores, nadie como tú se ha enfadado con los pelos, a nadie le ha hecho despertar de tan mal humor, la perfecta ama de casa se mosquea, se molesta, frota con ahínco la funda del edredón ante la posibilidad de que los pelos se le cuelen en el sueño pero ellas, las otras, no vivían así, no había tantos pelos en su vida o no los veían o no les molestaban que sé yo... si en realidad solo quería dormir. Las ocho, ya son las ocho, o más exactamente las 7:45, con los dos puntos parpadeando por cada segundo de sueño que estoy perdiendo. Me acosté tarde, estuve por ahí, tomando cervezas hasta las 4 y tengo que ir a comer a casa de mi madre y antes pasar por la pastelería, es su santo, que no su cumpleaños, mi madre celebra su santo, es la única en casa que lo hace, tu no quieres venir, pasas de las celebraciones familiares y más si son las de la familia de tu novia, no podrías estar a gusto, dices, "estaría incomoda", dices, y yo que estoy segura de que no, de que solo sería el primer rato o si me apuras el primer día, que enseguida hablarías con uno o con otro o jugarías con mis sobrinos y sé que les gustarías, tu sonrisa franca, tus modos suaves, tu conversación, pero te niegas, no quieres y yo ya he desistido, ya no lo digo más veces, pero me gustaría, sería agradable tenerte allí con ellos, disfrutar de la compañía de mi madre, de mi padre, de ti, todo a la vez pero si no quieres no quieres.
Ana venía, siempre venía y podíamos compartirlo y yo me iba casa de su madre y hablábamos durante horas y me enseñaba sus fotografías, su carita de cuando era niña, de cuando Ana correteaba entre sus piernas pero contigo eso no puede ser, era el mismo gato, el mismo que tu bajas del sofá y al que no dejas entrar en la habitación, era el mismo el que Ana abrazaba e incluso metía en la cama y lo pegaba a su cuerpo para notar su calor, para que absorbiera sus energías negativas, tu lo apartas, lo haces con cariño, incluso alguna vez te he sorprendido con el gato encogido en el hueco que forma tu codo con tu antebrazo apoyando tu cuerpo en el sofá y el gato se queda ahí quietito en tu calor, yo también pasaría ahí la vida, metida en el hueco de tu codo, en el calor del costado de tu vientre, tu vientre que me vuelve loca, acaricio tu tripa, se revuelve mi sexo pero el gato se mantiene en la paz que tu le das.

Diana no era como Ana con el gato, pero tampoco como tú, le hablaba más, no le molestaba en el sofá, aunque nunca lo hubiera llevado a la cama, pero Diana era como él, maullaba, llamaba sin que supiera por qué, ella nunca se enamoró de mi, yo sí claro, el amor, el amor que me completa, el amor que a mi me da la vida, ella no lo quiso, tampoco sé si tu lo quieres, el gato lleva a mi lado alrededor de 15 años, supongo, con pena, que ya no nos quedan muchos, que ya no me despertará a las 7 con pretensiones que siempre desconozco. Diana maullaba y yo iba hacia ella sin más, colocarme a su lado y dejarla hacer, entraba, salía, llamaba por teléfono "no voy a ir" y yo recogía los platos, los cubiertos, ponía la cena en la nevera y cogía un libro pensando que ya tenía preparada la comida para el día siguiente y es que con ella siempre fue así, el gato entra y sale cuando quiere, hay veces en que no consigo que regrese a la noche, que sale por la mañana a la terraza y debe de ir de una a otra o no sé si se esconde, pero no regresa, yo lo llamo, primero suave y al fin casi a gritos, pero el se demora por ahí y no vuelve, tal vez tarde más de un día. Pues así como el gato, así era Diana que lo mismo no se movía de mi lado como desaparecía y yo, con el genio que tengo, la reñía, le decía que no podía ser así conmigo, que no era eso lo que yo quería, que me gustaría saber, saber si iba a venir, saber cuanto tiempo tardaría, y fundamentalmente saber porque se iba, que resortes la movían a desaparecer de aquel modo, qué era lo que la llevaba a no venir, a no llamar, a llamar para decir que no venía pero me conformaba con su silencio o con respuestas que no lo eran. Me conformaba, ella no me daba más, y al fin lo supe, lo supe, solo era que no estaba enamorada de mi, que su relación conmigo tenía otro contenido, otras causas, y me sentí defraudada, engañada, ofendida, desairada, me salió todo el orgullo, decidí después de aquello que ella no existía, y allí donde la veo, paso a su lado como si en su lugar solamente hubiera aire, como si nada se interpusiera en mi camino, pero el gato sí vuelve, el gato si es así, no es porque no quiera compartir su vida con la mía, el gato va a permanecer a mi lado hasta que muera.Con Elsa también estaba este gato, pero Elsa no estuvo apenas con él, yo iba a casa de Elsa y era él el que me echaba en falta, era él, el que se enfadaba conmigo por no estar nunca en casa y dejarlo con su plato de comida y su bebedero lleno, pero solo. Elsa tenía una casa enorme, preciosa, más que preciosa, cómoda en cada rincón, tenía una casa de esas de las que cuesta moverse, de las que no cabe preguntar "en tu casa o en la mía" porque la respuesta es siempre la misma, cuando Elsa venía alguna vez a casa, veía al gato como yo a Diana, como si no estuviera, no le importaba si subía o bajaba del sofá, simplemente el gato no existía, en su casa no había gato, ni perro, ni nada que se moviese, plantas por todas partes, verdes, brillantes, en realidad se trataba de plantas alegres, pero nada que te rozara las piernas, nada que chillara.

Elsa pasó por mi vida como una exhalación, breve, su presencia duró justo el tiempo que a mi me costó saber que no la quería y que nunca la iba a querer, no recuerdo, como dos o tres meses, y me lastimó aquello, por una parte sabía que las plantas de Elsa dejarían por una temporada de ser unas plantas alegres y por otra parte Elsa sí me quería y me hubiera dado tanto... y nunca hubiera desaparecido durante días y nunca hubiera guardado la cena en la nevera pero yo no lo hice, no la quise lo suficiente, es imposible saber porqué o cómo nos enamoramos, contigo me costó mucho menos saber que podía pasarme la vida a tu lado.
A mi no me importa que quites los pelos del gato o que busques la manera de tenerlo siempre lejos de la ropa, los cojines, la manta de ver la tele, no me importa, no está mal, en realidad, yo también prefiero no llevar la ropa siempre llena de pelos pegados, vale, pero me gustaría mucho que me quisieras tanto, tanto como yo a ti... tal vez tu sí seas como el gato, no acabo de saberlo, hace ya un año que estás a mi lado y sin embargo cualquier día me sorprendes con pensamientos o actos que me desplazan hasta la perplejidad, me quedó mirándote y no sé que pensar, de pronto te desconozco, a ver si es ahí donde el gato y tú os compagináis tan bien, tal vez, es por eso que el gato siempre te busca a pesar de tus mil rechazos, tal vez sea por eso que de vez en cuando tú respondes a su llamada y lo dejas permanecer pegado a ti, tal vez él y tú tengáis algo de iguales, quizás os encontráis en una especie de mimetismo.Miriam no conoció a este gato, conoció a uno rubito que no recuerdo como se llamaba, claro que no solo lo conoció si no que se lo llevó, ya casi no me acuerdo de él, hace tanto tiempo, Miriam, tenía entonces 19 años y yo 21, que lejos me quedan, y sin embargo me siento ser tan igual a entonces, un poco más dura, un poco más seria pero tan igual..., a ella la quise mucho, era como un juguete y mira que no había mucha diferencia de edad pero tenía en su cabeza un mundo tan rico y tan infantil Miriam fue mía, mía del todo, no creo que fuera una entrega de especial intensidad si no que ella era tal cual y se me acabó escapando entre los dedos, de un día para otro pasó de ser mía en el sentido más posesivo a ser de otra, por lo mismo que era un juguete en el día a día, por lo mismo, un muelle saltarín, y saltó a otros brazos, a otra vida, y se llevó al gato rubito con ella, a mi no, a mi me dejó en la casa que habíamos alquilado para las dos, allí me quedé rodeada de sueños a su lado, pero me asistió la fuerza y seguí para adelante, eran unos años locos, absurda y magníficamente locos, estábamos saliendo a la luz, queríamos ser reconocidas por la sociedad, nos juntábamos y debatíamos y nos lo pasábamos en grande, conocí entonces a muchísima gente de una ciudad, de la otra, de la otra, nos movíamos continuamente de un lado para otro y aunábamos los debates y la reflexión con las juergas interminables, aderezadas con lo que hiciera falta. En medio de aquella locura olvidé el desamor de Miriam, en aquel vaivén, empecé a aprender como es sentirse no querida, dejar de ser la deseada, aprender a olvidar a quien se quiso, todo el mundo puede ser olvidado, no se borra su recuerdo pero sí el amor intenso y el dolor intenso que al fin y al cabo es lo que se pretende.

Miriam se llevó al gato rubito y con intención de consolarme una amiga me trajo una gata chiquitina, que alimentábamos con biberón, la casa que iba a ser para Miriam y para mi fue la mía compartida con una amiga y a temporadas con varias y allí empezamos a criar a la gatita pero estaba endiablada aquella, era mala o estaba loca así que en cuanto tuvimos oportunidad nos deshicimos de ella, no le di tiempo a conocer a ningún amor, ni amorío, la enviamos a un caserío con una chica que conocimos en unas jornadas, no sin antes avisarle de que estaba completamente loca, que era agresiva, a ella no le importó, y así se marchó la gatita en una cesta con una desconocida a la que como a la gata nunca volví a ver.
Después vino a casa un gato, también chiquito, aquel aun anduvo unos meses entre nuestros brazos y rascándose en nuestras piernas y sí conoció gente entre mis sábanas, no amores ni un poco serios pero sí a algunas chicas que salieron y entraron de mi habitación amores de una o dos noches que se iban como en las canciones, cuando la luz entraba por la ventana. Aquel gato fue fugaz, tuvo un horrible final fruto de nuestra eterna juerga, una mañana mi compañera de piso lo aplastó, el pobre se quedó allí muertito contra la pared, todavía era chiquitín y la loca de mi amiga abrió la puerta con violencia, quería darme un susto-sorpresa disfrazada de bailarina hawaiana y al grito de "tachán, tachán" abrió fuerte la puerta llevándola hasta la pared sin que al adormilado gato le diera tiempo ni a moverse y allí se quedó aplastado, una bolita de pelos que a mi me horrorizó y que ella debió meter en una bolsa, yo no sé que hizo con semejante paquete y nunca se lo he preguntado, he preferido no saber.

Ya algo después llegó este gato-despertador que desde entonces ha estado conmigo, este gato cariñoso y tranquilo que se ha amoldado perfectamente a mis costumbres, solo que no puede viajar, se pone malísimo, sufre y babea, entonces sí que maúlla, y es de pura angustia, de que no puede pasar por ese trance y tu que no sé si permanecerás o no pero que estás con nosotros en estos días, tu que no le dejas subir al sofá pero que nunca le estamparás contra la pared.

® Airun