-
¿Por qué llevas gafas de sol, siempre que sales a la
calle? -
Porque la gente me mira a los ojos -
¿ y que? -
Que no me gusta.
- ¿Por qué? -
Porque mis ojos son solo mios.
Si,
por favor, apolla la barbilla aquí y abre bien los ojos.
No vamos a tardar nada.
Muy bien.
Vamos a ver...
Mientras me examinaba cuidadosamente los ojos, tras
la aparatosa máquina con que lo hacia sólo podía ver
sus labios, entreabiertos que dejaban escapar el aire
que respiraba.
- No muevas los ojos. Mira al frente
- Disculpa.
Tiesa y estirada mire al frente dejando que la luz M
aparato casi me cegara. Mientras, pensaba en sus labios.
- Muy bien - me dijo apartando, por fin la dichosa máquina.
- ahora mira hacia aquí.
Extendió ante mi una pancarta repleta de símbolos y
letras, y mientras me señalaba con un puntero cada uno
de los caracteres, me iba pidiendo que los nombrara.
Y yo solo podía pensar en su boca. Y en el puntero.
Mezclaba imágenes de sus labios sobre mi piel y el puntero
sobre la suya. Labios, puntero. Labios, puntero...
...¿
y esta?
Mmmm...
¿perdona, que has dicho?
Eh...69 Disculpa, solo son letras.
Ah...la B
Me había excitado. lo notaba. Maldito puntero, cuantas
utilidades le había descubierto en tan solo unos minutos.
No podía quitarme de la cabeza su imagen haciendo birquerías
con el palito. ¿69? En que coño estaría pensando...
- Muy bien - me dijo, ocultando las traicioneras letras
- mañana tienes el resultado. Puedes pasarte por aquí
a eso de la una.
- De acuerdo.
Y yo, seguía pensando en sus labios.
Entre
la gente, a través M humo espeso, en medio M ambiente
cargado M EagleEV~, bailaba y se movia como una auténtica
sirena. La vi, no se como, sudando, bailando, bebiendo,
riendo. Sus labios de nuevo... Empecé yo también a sudar.
Me tembló la copa en la mano. Seguía sus movimientos
con la mirada y la observaba mientras se relacionaba
con la gente. Llamaba la atención, sin duda alguna.
Su pelo largo, negro, su cuerpo repleto de curvas, su
boca... su magnifica y perfecta boca... Volví a excitarme,
tanto o más que en nuestro primer encuentro. Puede ser
que fuera eso lo que me empujó a acercarme a ella.
- Hola! - le dije casi gritando.
- Hola! - me contestó casi sin mirarme.
- ¿Te acuerdas de mi? - le pregunté
Dejó de bailar y me miró entonces.
- Claro. Como iba a olvidarme de esos ojos.
Me sentí adulada, francamente. Empezaba con buen pie.
Abrí
los ojos por un momento y tuve que volver a cerrarlos.
No soportaba el placer. Encima de mi, jugaba a explorar
mi cuerpo, con sus manos, con su boca, su lengua.
- Abre los ojos.
- Mmmm¿que?
- Que abras los ojos. quiero que me veas. Quiero que
me mires. Extasiada y completamente atontada, volví
a abrir torpemente los ojos, creyendo que se trataba
de algun tipo de juego que ella empleaba para aumentar
la excitación.Y la vi, como, con la destreza de lo buena
amante que era, me acariciaba, me recorria, hacia que
casi llorase del placer. Volvi a cerrarlos, no podia
soportarlo. Esto tenía su efecto.
- i Que me mires! ¡No cierres los ojos!
Me sobresaltó la autoridad y su mandato. Y aunque seguí
creyendo que era parte del juego, no pude evitar recordar
nuestro encuentro esa misma noche en el y, EgleEyewy
su interés porque la mirase a la cara todo el tiempo.
Pero es que... no puedo... - musité. El placer aún me
invadía.
i MIRA¡
En ese momento despaché la idea de que aquello fuese
simplemente su manera de aumentar mi libido. Pero le
hice caso. Separé lentamente los párpados, y mi mirada
se fijó directamente en el techo. La fui girando por
toda la habitación, con la intención de posarla en ella,
pero solo podia ver ojos. Azules, negros, verdes puede
ser que fuera el efecto de¡ alcohol, o del orgasmo que
estaba a punto de aparecer, o la mezcla de las dos cosas,
pero yo solo veia pupilas, iris, parpados y pestañas.
Por todas partes. Empecé a respirar mas deprisa. Ella
seguía all í abajo. Los ojos me vigilaban, y
sentia que dentro de poco explotaria. ¿de placer? ¿de
desconcierto? Ella seguía. Yo respiraba. Ellos me observaban.
Lengua, nariz, ojos nariz, ojosojos, ojosmis ojos.
En un mar de carteles y posters de miradas, reconocí
en medio M orgasmo, una de ellas. La misma que reconocía
a diario frente al espejo. Me levanté bruscamente de
la cama y pude ver como todo tipo de miradas me acosaban
desde la pared. Miradas tristes, alegres, furtivas,
viciosas, formaban parte de la decoración de aquel cuartucho.
Y en primer plano la mia, atenta, iluminada, tensa.
Recordé
mi primer encuentro con la mujer que ahora estaba en
la cama sonriendo. Recordé el aparato de su óptica y
el fogonazo de luz que casi me cegó. Recordé lo que
yo creia eran mandatos pertenecientes a su juego y mientras
yo intentaba encontrar una respuesta, ella me la dio:
- Tienes unos ojos preciosos. Hay tanta vida en ellos...
no es justo que algo tan hermoso lo tengas tu sola.
Debes compartir.
La miré y sonreía. Me tendío la mano, pero me aparté.
Un escalofrío me recorrió entera. Caí en la cuenta:
No era la luz propia de un aparato de graduación, si
no la luz de una foto. Ni era una simple adulación a
mis ojos, si no la obsesión con ellos. Ni tampoco eran
ordenes de un juego erótico, si no la inconsciente ira
de la envidia. La miré y sentí pena. Me miré a mi misma,
y sentí vergüenza. Cerré los ojos. Abrí la puerta y
salí al rellano. Comprendí entonces, que era
cierto que no tenía buena vista para las relaciones.