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te negro, limon, amor claro
COMENTARIOS A LA AUTORA: amy_vark@yahoo.com.mx

 

Mayo 16 No sè si esto es una dedicatoria, pero và: Existes, luz de mis ojos; asì estè ciega yo en este momento, te he visto ya y la fè me indica que, cuando te encuentre de nuevo, no me separarè de tì, jamàs. Feliz cumpleaños.

TE NEGRO, LIMON, AMOR CLARO
por Amy

La mañana es aùn fresca; el aroma del Early Grey Twinning's me atraviesa el cràneo hasta màs allà de las orejas; alrededor, el bullicio del desayuno, un niño con su abuelo, un saxofòn afinàndose al mùsico y el sol diezmañanero que cae a plomo sobre Masaryk, iluminando de rojo el toldo. La gente en la terraza adquiere tonalidades marcianas y ojos aconejados. Las ideas fluyen ràpido, indistintamente, de los textos de fìsica, del libro de VanVogt, de la filosofìa de Russell, se mezclan al nivel de la corteza, se le añaden algunas gotas de animalidad, bajando hacia el limbo cerebral y las notas salen de mi làpiz haciendo una fabulosa y fantàstica ensalada, como corresponde a la escritora de horrores que soy. Una idea perversa sube a la superficie; recordar el temor de Ricardo me hace reìr en voz baja. Todavìa respinga cuando me acerco a èl y aùn cree que no voy a respetar su homosexualidad y que una noche, se despertarà atrapado en mì sin remedio, indefenso como un polluelo y asqueado hasta el vòmito. Me concentro de nuevo y sigo escribiendo; Isabel se tarda en llegar, como de costumbre. Releo unas lìneas

"Durante dos mil años, los moralistas màs serios han desacreditado a la Felicidad, exhibièndola como algo degradante y sin valor..."

Bertie me ronda la cabeza, junto con el aroma del tè con limòn y la risa del niño, que se parece a mi hija. Llega entonces Isabel y me deslumbra con su sonrisa y el escàndalo que hace en el restaurante, preguntando por mì en voz alta. Su fotografìa no le hace justicia, ademàs de que tenìa el cabello largo y oscuro en ella. Ahora, lo lleva cortìsimo y teñido de rubio furioso, con las puntas blanquecinas. Eso la embellece aùn màs. Tiene un rostro fino, de ojos enormes y pestañas perfectas, una boca pequeña y adorable y la nariz quirùrgicamente perfeccionada; su belleza es en absoluto llamativa, iluminante y la gente se vuelve a mirarla, cuando cruza la terraza entoldada de rojo, hacia mi mesa. Alta, garbosa, hombros redondeados y pecosos, senos pesados, envueltos en el top de lanilla gris que deja el ombligo al aire y enfundadas las caderas estrechamente en unos pants gris y rosa. Me enamora verla, instantàneamente

"Las mujeres -proclamò Sorn- son maravillosas!"

La cita del vencido Tobor me desconecta de la realidad, adecuàndola a esos instantes, frente al esplèndido panorama de Isabel ¿Imaginaba Van Vogt que el mundo serìa màs sexual que nunca, en este futuro? Bebo su sonrisa y reprimo besar sus labios y me dejo envolver por sus manos y por su gusto de verme y porque la amo ya, de inmediato

-Nunca te dejarè ir con ella- La voz de Rick corta el aire como un cuchillo, tensa por la ira y los celos; rebusca en la cajita. La pulsera es negra, de alguna extraña madera del tròpico, e incrustada en oro y marfil. La caja tiene el sello de Bustamante; bajo el cojìn de terciopelo, Rick encuentra la nota, dirigida a otra chica. Isabel olvidò sacarla. -Ya ves?!- La voz de Ricardo es ahora triunfante- eres una asquerosa!! Eso se llama chichifear!! Quièn te lleva un regalo en la primera cita, eh? Dime!! Alguien que quiere comprarte!! Alguien que sòlo quiere un acostòn contigo y que te lo està pagando de antemano!! Tu crees que ella se diò cuenta de lo que vales? Estàs muy equivocada, queridita; el amor a primera vista se acaba a primera vista! El amor a primera vista no existe y menos en este mundo!
Me siento aturdida. Primero, por la calidez y la belleza de Isabel; despuès, por la esplendidez de su regalo -algo realmente notorio para una escritora muerta de hambre como yo- y por ùltimo, por el ataquito de Ricardo ¿Què fregados le pasa? Las dudas sobre mì misma que me han recorrido siempre, me inundan de pies a cabeza ¿Existe realmente la esperanza? La desesperaciòn, en ese instante, es tangible del todo La mìa? De perderla; de que todo sea falso ¿La de èl? Se hace evidente; la de quedarse solo, dejado de lado por su Arturo, un chico tan frìvolo como puta por deporte y desechable como condòn usado. Intento defenderme de la andanada -Què haràs si la amo? Què haràs si me ama? Què haràs si decido dejarte por ella? Ricardo abre los ojos desmesuradamente y la idea se gesta en su cabeza como una vìbora de cascabel, retorcida y amenazante, como es ahora su sonrisa -Te quitarè a tu hija; si te vas, no vuelves a verla, queridita...tienes diez dìas para largarte, volver a Mèxico y olvidarte de Amyta -me pone la pulsera casi en la nariz- asì que èsta es tu pulsera de compromiso?- su risa es cruel- ¡Anda! Vè y càsate con ella!! Quèdate con tu Isabel!! Pero Ya!! Y sin tu niña, no se te olvide, mi vida... Sube las escaleras, en un crujir de pisos y no atino a contestar, escuchando sòlo el rumor de mi sangre y el golpe siniestro de los recuerdos...

Càncer, por segunda vez; el ultrasonido no es claro. Podrìa ser que las zonas señaladas sòlo presenten inflamaciòn de rebote y estè circunscrito a una sòla àrea; o que los tejidos ya estèn invadidos, del todo. Como sea, se requiere de una biopsia màs profunda. Pero perderàs la matriz, aunque hay muchas probabilidades de que todo salga bien. Las cosas no son como antes, ya sabes; hoy lo descubrimos pronto y lo acabamos pronto. Aunque sea la segunda vez, recuèrdalo; nadie ha muerto de càncer en la familia. Por si las dudas, ten la carta de adopciòn. El texto se borra frente al telòn de llanto; "Cedo la tutorìa de la niña.... mi hija... a la señorita Beatriz Bartra..." Y vuelven las làgrimas de Betty, mi hermana, antes de que yo entre a la cirugìa, semidrogada ya

-No te preocupes, Amelia; yo la cuidarè como si fueras tù, jamàs le faltarà nada, jamàs permitirè que nadie le haga daño- y su sonrisa temblona ( ella nunca se para en un hospital) haciendo transparente el temor. Y la separaciòn de Amyta y es mejor que mientras dure el tratamiento, èl -Ricardo, su padre- la cuide en Querètaro y la operaciòn, un èxito y esa curva en las proteìnas que lo arruina todo y el fenobarbital y el coma durante tres dìas largos de muerte y ceguera blancos y el peor de los horrores al volver del coma; no puedo escribir, Dios mìo, mis manos no obedecen y mis ojos se mueven solos en todas direcciones y no puedo hablar y con trabajos escucho y la pregunta repetida ¿Para esto sobrevivì? No habrà quien me desconecte? Y, por encima de todo eso, la amputaciòn de mi niña, de lo ùnico bueno que he tenido, de la ùnica persona que me acepta tal cual soy, con la sencillez para reir conmigo. La ùnica persona que no es mìa, ademàs.

Ya no màs, por Dios, si es que existe. Ya no màs. Sì, acepto; renuncio a lo que sea, a lo que soy, a lo que siento, (tu libertad, tu independencia, tu soledad, tu lesbianismo, tù) por mi sola hija, por su sonrisa y belleza, por el privilegio de verla crecer...ya no màs, por favor.

Isabel descansa en mis brazos; beso su hombro y su mejilla, tan cerca de su boca que mis labios tiemblan. sus pechos se pegan a los mìos y la tentaciòn de comèrmela a besos es terrible y tiemblo y me empapo hasta las rodillas

-Dejame seducirte, Amy, si?
Sus ojos, sus labios prometen mil paraìsos y adivino el suave sexo entre sus muslos, penetrado hasta el fondo por mi lengua, vestido con mi rostro... Reacciono. Estamos en la calle, frente a casa, a plena luz del dìa, abrazadas, besàndonos. Casi puedo imaginar el escàndalo de los vecinos, si llegaran a vernos -
Isabel, puedo pedirte algo?

-Soy tuya; lo que quieras La separo de mì, con trabajo, sin querer hacerlo realmente
-Vete ya, por favor
Isa hace un mohìn y me dà un ultimo beso y mi cabeza dà vueltas. No es posible. Un mes de llamadas y mailes diarios, de fotos y la primera vez que la veo me basta para enloquecer a un grado necesario y definitivo. Sube al neòn gris y arranca y me cuesta trabajo entrar a la casa.

Ricardo sonrìe; el retrato de Arturo, desnudo y envuelto en una sàbana, ha quedado por fin terminado y la pàlida piel de su amado resalta contra el fondo oscuro
-Què te parece?- me pregunta
-Parece un cadàver amortajado...-respondo, sin darme cuenta. Aùn estamos bien y yo lo arruino todo con la frase; la herida de èsta es cruel, màs aùn que el VIH que està dentro de Arturo, en su piel, en sus lustrosos ojos grises y sobre todo, en la locura que posee a su mente y lo vuelve destructivo de sì mismo y traicionero con todo el mundo. Ricardo no disimula su reacciòn
-Quiero que te vayas!!
-De todos modos, es verdad que va a morir...- añado, a modo de disculpa. Pero èl no puede oìr ni quiere sentir nada. Ni pensar en ello.
Lo que pudiera quedar de quince años de una relaciòn extraña, pero siempre absorbente, siempre fascinante, acaba de morir.

A pocos dìas, toma la decisiòn; dejarà a Arturo, definitivamente. Su desvalimiento y su terror caen sobre mì con todo el peso de la culpa. Yo los presentè; yo le dije a Ricardo que Arturo era su pareja ideal, perfecta. Yo lo mareè, yo hablè con Arturo para que se diera cuenta que lo que existiera una vez entre Ricardo y yo habìa terminado y que yo no representaba un obstàculo; yo fuì quien dije a Arturo que tenìa el camino libre y ambos podrìan hacer una vida juntos sin importar el VIH o el que diràn o el salto terrible fuera del clòset....

Isabel me llama; quiere que vayamos al teatro, que pasemos la noche juntas, que hagamos el amor todo el dìa. Al parecer, le soy tan maravillosa como ella lo es para mì y sueño con su boca todo el tiempo.

(Ricardo escribe, la faz alterada quien sabe por què sentimientos, las hermosas manos firmes sobre el teclado y la orden, implìcita en su urgencia, se escribe sin verla sobre mi piel; quèdate, por favor, quèdate, no me dejes solo...)

Con la frialdad precisa que sòlo puede darme el prozac, tecleo el mail que terminarà con el sueño de Isabel, de toda su belleza y me devolverà a la realidad, al cuidado de mi ùnica hija, mi ùnico tesoro y a la vida diaria con mi esposo homosexual. Podrìa morir ahora mismo

"...la Felicidad, como algo degradante y sin valor..."
Me muero. Estoy muriendo. Estoy muerta ya.
Como cuando volvì del coma, atontada y confusa, retomo el làpiz y revivo a mi vida de escritura.
El tè se ha helado y no queda un alma en la terraza; anochece
Escribo. Tengo que seguir escribiendo.

Ignoro el porquè y el como
sobrevivo por inercia
mis pasos se ponen solos
un piè
delante de otro sobre
la pista de asfalto
mis dedos teclean incesantes
las ràfagas de soledad que trae el viento
mi sonrisa no tiene esperanza
¿Hay alguna respuesta?
¿Existe un final feliz? ¿Te encontrarè, de nuevo?
Te he perdido ya, definitivamente
en esa discontinuidad
que se llama pasado
y que ciertamente,
hoy no existe?
Ni siquiera mi voz hace ya eco.

 

 


® Airun