Desde Llanos del Hospital, dos
horas más tarde se alcanza el Forau de
Aigualluts, uno de los rincones más misteriosos
del Pirineo aragonés.
Bajo
tierra encontramos cosas extrañas. Son
las corrientes subterráneas que no siguen
ninguna regla y que tuvieron en ascuas a los estudiosos.
El Forau d'Aigualluts es una dolina, una cueva
subterránea producida por la erosión
del agua, cuyo techo se ha derrumbado. Esta formación
kárstica es interesante porque las aguas
que filtra vuelven a surgir en el valle de Arán
francés. Allí, siguiendo por el
subsuelo, desembocan en el río Garona y
se pierden en el océano Atlántico.
La absorción del agua en la geológica
formación de karsts se descubrió,
gracias a los experimentados geólogos franceses
que tintaron de verde una muestra de agua del
Forau. Después aguardaron a que surgiera,
hasta que después de una considerable espera,
los pigmentos llegaron al Garona, para confirmar
sus sospechas.
Otro
de los reclamos del Forau, es que ofrece unas espectaculares
vistas del glaciar del Aneto. La llamada reina de
todas las montañas del Pirineo, observa desde
sus 3.404 m., todo lo que pasa en el valle. En su
cara norte tiene enormes neveros y el hielo glaciar,
grisáceo y azulado, en sus laderas más
altas. Si se tuviera vista de pájaro se distinguirían
diminutos puntos negros encaramándose a la
cima del macizo, las personas que intentan el ascenso.
Hay una leyenda que cuenta que el gigante Aneto
se enfrentó a Atland, uno de los atlantes
que en la Grecia Clásica sujetaba el mundo,
y lo asesinó con una flecha. El cielo, como
castigo, envió un rayo y sepultó a
Aneto en la gran cumbre rocosa que se conoce.
Aneto también es el nombre de pueblo más
nororiental de Aragón. Se trata de una pintoresca
aldea, con caseríos alrededor de una pequeña
iglesia parroquial. En 1817 el geólogo Reboul
prestó su nombre al pico más alto
del macizo de la Maladeta, que fue coronado por
primera vez en 1842. En cambio la localidad que
manda en el valle es, Benasque.
Su entorno concentra los tres miles más altos
de la cordillera y es el valle más atractivo
para los montañeros. Los picos de Perdiguero,
Alba o macizo de la Maladeta se presentan como sugerentes
retos para la escalada, aunque encontramos otros
paisajes también muy atractivos.
Siguiendo la línea del Aneto, se alcanza
el collado de Coronas, donde detrás de su
cresta se puede ver el ibón de Cregüeña,
el más grande no represado de todo el Pirineo
aragonés.
También
tenemos la ruta transpirenaica que se adentra en
los bosques del valle de Estós, donde encontramos
muchos ibones pequeños, que cuelgan en la
montaña. Pueblos como Eriste, el Run o el
propio Aneto están tocando con la frontera
catalana, donde la GR 11 sigue su camino hasta el
Cabo de Creus
.