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David Mamet: el Autor

Premio mi vida siendo miembro de una profesión insultada. He tenido el privilegio de ser testigo en la sala de ensayos de grandezas de una magnitud y con una frecuencia poco vistas en el escenario. He oído y he visto cosas más divertidas y hermosas en la mesa de los técnicos en medio de un rodaje nocturno que cualquier otra cosa que haya oído cualquiera en cualquier cultura mayoritaria.

He jugado a las cartas con Roland Winters, que había interpretado el papel de Charlie Chan; he jugado a billar con Neil Hamilton, que había trabajado en The Informer. Un día crucé una habitación para presentarme a la que obviamente era una joven bellísima y esbelta con una melena pelirroja increíble (sólo la veía de espaldas), y cuando se giró, me encontré hablando con Lillian Gish, y habló conmigo, durante media hora, del señor Griffith

He trabajado con Don Ameche, que me explicaba historias de su infancia en el salón de su padre en Kenosha, Wisconsin. Hice una obra con José Ferrer, que había sido el mejor Cyrano del mundo, y otra con Denholm Eliot, que después de dar un mordisco a una ciruela, me dijo que le recordaba el derrière de Sonja Henie

Escribí mi primer guión para Bob Rafelson. Su tío, Samson Rafelson, había escrito El cantor de jazz, la primera película sonora y, a través de Bob, escribió unas notas en mi primer guión.


Alguien dijo, hablando sobre el entrenamiento de vuelo de un aviador de la marina de guerra de los Estados Unidos, que no había suficiente dinero en el mundo para pagarlo, que sólo se podía conseguir por el mérito. De la misma forma, el progreso, la subsistencia, la amistad, la atención, en el teatro, no tiene precio para mí y sinceramente ha sido, después del amor a mi familia, el deseo que ha guiado mi vida: ganar y mantener, gracias al mérito, un lugar en nuestra profesión culturalmente insultada. He sido afortunado por haber nacido en una época en que todos los actores entraban en el mundo del espectáculo a través del escenario. Entonces, cuando era joven, ningún escritor, actor o director empezaba en la televisión o en el cine. Eso significa que mis amigos y yo aprendimos, o tuvimos la oportunidad de aprender, la utilización del viejo barómetro del mérito teatral: el público. ¿Es divertido? Bien, ¿el público se reirá? ¿Es emocionante…., suspirará? ¿El final del segundo acto es sorprendente…, se les cortará la respiración? (Se puede robar del público una ovación con todo el teatro puesto en pie. Un corte de respiración, no.)

He tenido la fortuna de crecer en un ambiente que facilitaba preferir las cosas bien hechas a las de pacotilla. Las cosas bien hechas pagaban el alquiler. La obra bien hecha, la escenografía, el diseño de iluminación, la dirección, la buena interpretación, tienen que ser auténticas. La simple verdad puede ser el resultado de una disposición natural, o aparecer después de años de difíciles estudios, sólo es asunto vuestro.

Los halagos de la fama, el dinero y la seguridad están muy bien. A veces han de ser silenciados, a veces ha de ser consentidos, al igual que en cualquier otra esfera de la vida.

¿Qué es auténtico, qué es falso, qué es, finalmente, importante?

No es ninguna señal de ignorancia no saber las respuestas, pero es un gran mérito afrontar las preguntas.

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® airun