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Entrevista con Maite Merino, actriz y productora de la obra “Los Monólogos de la Vagina” de Eve Ensler

EL TABÚ DE LA VAGINA EN LA ESCENA ESPAÑOLA

Maite Merino, actriz y productora de la obra “Los Monólogos de la Vagina” de Eve Ensler.

Desde el pasado septiembre Karácter Producciones, con Maite Merino a la cabeza, lleva a escena la séptima temporada de la obra “Los Monólogos de la Vagina” una hilarante comedia -con tintes a veces dramáticos- que gira entorno al chichi, el conejito, las partes íntimas, …etc. y las miles de acepciones que se le pueden dar a la vagina.

La obra, traducción del estudio que Eve Ensler realizó a más de 200 féminas de toda condición, tras un viaje a Bosnia donde habló con mujeres que habían sufrido toda clase de vejaciones durante la guerra, da comienzo con la disertación de la propia autora sobre el tabú ante la palabra vagina.

¿Fue el título un inconveniente para ser aceptada la obra en los circuitos teatrales?

“La palabra vagina ya nos costaba decirla, antes se utilizaban más los seudónimos. Yo vi ésta representación en Londres en el año 1999, Eve Ensler la interpretaba sola, como lectura dramatizada y me pareció muy interesante. Estuve un año entero que no quería nadie programarlo en ningún teatro por el título”.

De hecho, y según nos cuenta Maite Merino, ni en los teatros fuera del circuito madrileño le era posible vender la obra. “Tenía que quitar la palabra vagina, y a la autora no la conocía nadie, pero justo cuando yo estrené pegó el petardazo en otras ciudades, en Atenas, en Londres donde la autora había metido a otras actrices, y en Nueva York, aunque aún en teatros alternativos; en fin, de repente fue un petardazo, pero cuando yo adquirí los derechos nadie conocía la obra”.

A la hora de adaptar la obra ¿se planteó alguna dificultad en la traducción, teniendo en cuenta la cantidad de sinónimos que giran en torno a la vagina?

“Hay muchos eufemismos para vagina en todos los idiomas del mundo, en inglés, francés, gallego, catalán, castellano. Es una palabra tabú de la que se dicen muchas cosas: el conejito, la cosita de lana, la cosita, el chichi… Precisamente Eve Ensler habla del miedo que tenemos a las y dice, en su monólogo, que esto crea un distanciamiento lo que crea en las niñas una falta de ambición, porque tienen una parte de su cuerpo que no la pueden denominar, lo que a su vez crea una falta de autoestima y una falta de ambición en las mujeres.

En la obra, la propia autora habla de las dificultades que ha tenido y yo, como Maite Merino digo que estuve un año en España sin poder ponerlo porque la palabra vagina era algo horror, tabú total. Ensler hace un juego de palabras en el que dice que aunque la vagina se llamara jazmín se seguiría diciendo: Niña, cierra las piernas que se te ve el jazmín, porque lo que hay es un tabú alrededor de la sexualidad de las mujeres”.

Se trata de una obra sin temores, sin tapujos…

“La gente no se escandaliza, se queda clavada… La obra me gusta porque es una invitación, un canto al placer de la mujer, a que disfruten de su vagina y a que estén orgullosas de ella. Me gusta porque hay una parte en la que no se está culpabilizando al hombre, al hombre lo obvia, es el nombre de la vagina y la mujer, cuando haya una tesis doctoral sobre el pene o sobre el servicio militar pues se hablará de hombres.

Pero sin duda sigue siendo una obra con ciertos tintes dramáticos, se habla de las violaciones de las mujeres serbias

“Si, se habla de las violaciones en la guerra, hombres violadores, pero también se habla de un abuso sexual de una mujer a otra, una niña que la viola el mejor amigo del padre, y luego, cuando ya tiene trece años, una señora la enseña a masturbarse, pero el hecho es que es una señora mayor y ella es menor. En este monólogo hay un momento dado en el que la niña decía -la gente me dice que aquello fue una especie de violación, gracias a aquella violación mi pobre conejo se convirtió en una especie de paraíso- pero la directora pensó en quitarlo porque le parecía que podía ser una especie de apología del lesbianismo, pero yo no lo veo así, igual es que yo le doy muchas vueltas, el público tal vez lo hubiera recibido así, yo lo recibo como que es una menor y la pena es que somos tan subversivos que la niña no sabe realmente si la han violado o no”.

¿Con un título tan sugerente la gente irá preparada a ver algo impactante?

“La parte mas impactante es lo del lesbianismo, pero porque los tabú siguen existiendo. También el tema de la masturbación es bastante tabú. Pero la obra tiene éxito, y esto es buenísimo, porque es poética, se habla de sentimientos, no es soez, se habla de emociones, las emociones de las mujeres con su cuerpo”.

Los monólogos de la vagina cuentan con dos escenas de lesbianismos, una de ellas vino dada directamente a la autora Eva Ensler por una lesbiana que, tras ver la representación consideró que no estaba representando la realidad de la homosexualidad femenina, según nos cuenta Maite Merino.

“En una de las escenas sale una mujer que es sadomasoquista, pero es prostituta de mujeres porque lo que le gusta es cómo gimen las mujeres, el sonido de la vagina, se ha quedado colgada y enganchada a esto ya que ella era de las que hacían mucho ruido y los hombres se lo criticaban. Se dedicó a hacer servicios a mujeres y le cogió el gusto a lo de gritar tanto. Es una escena muy divertida y surrealista, sale con unas botas altas, y dice que le encantan las vaginas, le encantan las mujeres. Esto dio pie a que una lesbiana comentara con la autora Eva Ensler que esa escena no tenía nada que ver con su realidad, y le dijo que estaba hablando desde un marco heterosexual, y no desde un marco homosexual femenino y que no estaba reflejando lo que era el lesbianismo. Así, se hizo una escena de una lesbiana que cuenta cómo ha sido con su pareja, con todo muy clarito”.

¿Tú crees que el público masculino se ha podido sentir desplazado o ausente?

Si, en algún momento dicen que ellos echan de menos una mujer que hubiera hablado de una experiencia bonita con un hombre, con un pene. La autora ha realizado una nueva versión en la que incluye un monólogo con un ginecólogo, pero nosotras no lo hacemos, si ahora empiezas a hablar de penes, ya es otra cosa.

¿Qué respuesta has visto en el público, cómo ha recibido la obra?

Pues muy bien, el público, desde gente de 17, 18 años que no suelen ir al teatro y a esta obra vienen, luego gente muy mayor y luego gente de mediana edad. La gente joven se ríe muchísimo, tienen una educación un poquito más abierta, la gente mayor –como decimos, de la tercera edad- están pasados de vuelta y tampoco les escandaliza, es a la gente intermedia, de unos 50, si lo notamos más serios, sobre todo en la parte de las lesbianas. Luego en las parejas las mujeres tienen una sonrisa cómplice y el hombre tiene una carcajada, porque está más fuera, no le toca”.

entrevista realizada por Macu Lopez


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